MÁS VIDA (ÀNGELS A AMÈRICA)

Àngels a Amèrica, la obra de teatro de Tony Kusnher que estrena el Teatre Lliure. Sida, sexo, neoliberalismo,represión, en definitivalos USA de Ronald Reagan en su versió más brutal

img_20181110_172932857.jpgNueva York 1985. En escena, personajes de diferentes procedencias afectados directa o indirectamente por el sida en medio de un clima político ultraconservador presidido por Reagan. Ese es el  contexto de “Àngels a Amèrica”  que esta temporada se puede ver en el Teatre Lliure a cargo de la “Kompanyia Lliure” en la que será, seguramente, su última representación tras la defenestración de Lluis Pasqual.  Les acompañan, además, tres invitados: Vicky Peña, Pere Arquillué y Òscar Rabadan. En definitiva un soberbio trabajo de equipo a las órdenes de David Selvas. De equipo. Porque una cosa que hay que dejar clara es que “Àngels a Amèrica”, es una obra coral. Sería injusto resaltar el trabajo de ninguno de los actores y actrices sobre el gran texto de Tony Kusnher (subtitulado Fantasía gay sobre temas nacionales), una obra que acabó siendo la pieza más ambiciosa e imaginativa del teatro norteamericano de la época.  La elección de Quim Ávila para el rol de Belize hizo saltar la polémica con el colectivo de actores y actrices de raza negra. El autor especifica que Belize es un travesti negro que trabaja como enfermero en un hospital donde cuida de enfermos de sida; pero resulta que Ávila es blanco. Selvas ha incluido en el montaje una proyección donde aparece un mensaje que suena a disculpa. Lo incluyó a petición de Quim Àvila quien, desde el principio, se sintió incómodo por asumir ese rol.img012

La obra está configurada como un díptico, representado en dos partes: “Se acerca el milenio” y “Perestroika” tal y como  recomendó Pasqual, a quien, por cierto, en la rueda de prensa de presentación del montaje, Selvas agradeció su apoyo.  Dice la web del Lliure que ambas partes se pueden ver de forma separada. No lo creo así. Resulta mucho más interesante y clarificador acceder a la obra entera. Se representan en días alternos, salvo el sábado, en el que, afortunadamente, se puede seguir la obra completa. Esta ha sido reducida en extensión con el fin de resultar más asequible. La obra original tiene una duración de más de siete horas; la versión que se puede ver en el Lliure ha sido reducida a algo menos de cuatro horas y media. Antes de seguir hablando del montaje del Lliure vale la pena recordar que en 1996, en pleno pujolismo, la primera parte inauguró, de forma oficiosa, el TNC (con todas las convulsiones que a las almas bien pensantes del entorno convergente provocó) con grandes interpretaciones, bajo la dirección artística de Josep Maria Flotats. Desgraciadamente la segunda parte no se llegó a estrenar nunca. Después de varias polémicas que no vienen al caso, Flotats fue despedido y con ello cayó la representación de Perestroika, la segunda parte prevista para la temporada posterior.

Imposible resumir en pocas líneas esta explosión de teatro que da lugar a un collage audaz, emocionante, cargado de vida cotidiana, de profundos debates ideológicos, escenas oníricas, humor inteligente,  miedos y anhelos con los que se explora la identidad sexual, religiosa, nacional y racial de una sociedad. Una mirada caleidoscópica sobre el amor, la fragilidad humana, las contradicciones, la lealtad, la traición, la culpa y la intolerancia que el auge de las ideologías ultras vuelve a poner sobre la mesa. En la primera parte, el desarrollo es mucho más lineal que en la segunda, más cargada de simbolismos y escenas del todo surrealistas, más sobrecogedora.

Los personajes son judíos, mormones, caucásicos y negros. Un retrato de la sociedad norteamericana, magníficamente resumida. Sus temas centrales son la peste del sida y el ascenso del conservadurismo, con Reagan triunfante en su segundo mandato. Parecen temas ya pasados, pero no lo son.  Es cierto que el VIH se ha controlado, más o menos, y que la homosexualidad, en las sociedades occidentales, disfruta de una aceptación social que hace veinticinco años era imposible, mucho menos después de la estigmatización del colectivo que supuso la enfermedad. Pero no podemos negar que el sida continúa siendo un problema de salud pública. Y tampoco puede decirse que el segundo asunto no sea actual, con un singular vínculo entre el pasado, el presente y la obra: Roy Cohn, el canalla elegido por Kushner, es un personaje real que murió en 1986 de sida. Kushner lo define como «un abogado de éxito de Nueva York y un hombre muy influyente en las cloacas del poder». Fue el principal consejero del general McCarthy durante la Caza de Brujas y, entre otras cosas, representó al ahora presidente Donald Trump cuando éste empezaba en el mundo de los negocios. Muchas cosas han cambiado desde la era de Reagan, pero la era de Trump, caricatura salvaje de Reagan, ha retomado otras y las ha propulsado hasta el esperpento salvaje. Las epidemias pueden ser de tipos muy diversos, de salud pero también morales o ideológicos. El sida nos mostró nuestra fragilidad como seres humanos. Los totalitarismos, que a modo de epidemia se están extendiendo de forma alarmante provocando una crisis política y humana de una magnitud impredecible, también. Una epidemia descontrolada que afecta a todos los ámbitos de nuestra vida: la convivencia, la familia, los valores democráticos, la religión, en definitiva, todos los fundamentos de nuestro funcionamiento social y humano.IMG_20181110_194127051_BURST000_COVER_TOP

La escenografía es fundamental. Una escenografía planteada al servicio del doble plano (realidad-fantasía) por el que transitan vivos y muertos, espacios cerrados con paredes que caen y dejan ver fantasmas del pasado, o que encierran a sus personajes en su enfermedad, en sus alucinaciones o en sus sueños. El director ha dedicado muchos esfuerzos en potenciar los desvaríos oníricos. Un efecto que deja al espectador boquiabierto es el del ángel que cae desde el cielo sobrevolando el escenario sujeto con un arnés. Otro aspecto fundamental son las piezas musicales de los 80: New Order, Queen, David Bowie, Eurythmics, Cyndi Lauper y un magnífico homenaje a Freddie Mercury. No quiero olvidar el tema que canta Ethel Rosenberg “Jerusalem la dorada” cuando cree que Roy se está muriendo, que si bien no es un canto tradicional hebreo, como se supone en la obra, es bellísimo y aporta un plus de emotividad.La carga de reflexión y emoción de “Àngels a Amèrica” conduce al espectador a captar la profundidad y la calidad de un texto extraordinario (imposible de encontrar en castellano ni catalán). “Más vida”, pide Prior al final, frente al Ángel de las Aguas en Central Park, en un final esperanzador y optimista. Los que hemos sido afortunados de poder haber asistido a su representación, dentro de unos años diremos orgullosos: Yo estuve allí.

PS. Aquí os dejamos el interesante coloquio después de la función con toda la compañía

Là: Allí, aquí y ahora

Là, un poema escénico de Camille Decourtye y Blaï Mateus Trias en el que se mezclan teatro, danza, música y mimo, con el cuerpo, el ritmo y la voz para llenar un espacio en blanco.

img_20181014_175438710LÀ. Allí, en ese espacio blanco en el que el negro escribe y se escribe, se desarrolla el espectáculo, un espacio que es lo que nos queda después de habernos desposeído de todo y hay que volver a llenar, a construir. Génesis. Là,  peça en blanc i negre per a dos humans i un corb es un poema, un poema escénico que se escribe con el cuerpo, el ritmo, la voz, la materia. Un poema escrito entre el nacimiento y la muerte.  El título juega con el triple significado de la palabra en francés: allí, aquí y ahora. img011¿Y en medio? ¿Qué hay entre el nacer y el morir? En un principio, ansiedad. Lo que nos muestra el dúo formado por Camille Decourtye y el Blaï Mateu Trias es que  las relaciones entre el hombre y la mujer son complejas. Dos seres que se quieren hablar, acercarse al otro, compenetrarse, ajustar sus ritmos como pareja y no saben cómo hacerlo. Y juntos, mientras intentan sortear los obstáculos que la vida cotidiana les depara, exploran un camino de lleno oposiciones: el blanco y el negro, el hombre y la mujer, el equilibrio y el desequilibrio, la luz y la oscuridad, la noche y el día. A la vez, buscan sus propios límites, los de sus voces, los de su fuerza, los de su ritmo. A medida que avanza el espectáculo, el espacio en blanco, desnudo, se va llenando y enriqueciendo con los rastros de la presencia del otro. Este viaje que llevan a cabo juntos, no es más que la Vida. Una Vida llena de tensiones que acaban fortaleciendo su relación hasta compenetrarse.
Los lenguajes que utilizan, una mezcla de canto, danza, música, circo y  artes plásticas consiguen impregnar toda la pieza de armonía y de belleza, gestos cambiantes convertidos en espacio, vuelos al borde del vacío. La voz penetrante de Camille Vecourtye es algo que me dejó totalmente impresionada, cautivada. Y no puedo dejar de destacar el humor desgarbado que Blaï Mateu Trias utiliza como un recurso para ayudarnos a descargar la tensión que el no entender muchas cosas de lo que sucede nos provoca. Una válvula de escape. img_20181014_191240081A los dos personajes, les acompaña Gus, un cuervo de plumas blancas y negras que, como bien nos indicaron en un cartel antes de entrar en la sala, forma parte del reparto.Un pájaro libre en la escena, actor, manipulador de objetos, cantante cuya libertad tuvo a la fuerza que forzar la improvisación de los humanos. Pero el cuervo ¿qué significado tiene? Como todo lo que allí pudimos ver, su presencia puede tener varios significados: la Libertad, la que no tienen los dos personajes y ambos anhelan; las supersticiones o creencias que nos acompañan durante toda nuestra vida; los malos augurios de todo lo negativo que en ese camino nos puede suceder. O, quizás, todo a la vez, la conexión de dos mundos, mundo de los miedos, de los sueños, de los deseos y el mundo real, lleno de sensaciones, de vínculos con los demás, incluso de maldad. A mí el espectáculo me atrapó. A pesar de aquellos momentos de sonidos repetitivos que sonaban como un mantra y me provocaban cierto nerviosismo, me atrapó, consiguió emocionarme. Y, no hay duda, LÀ es una de las obras más originales que he visto.

«Èdip», el dolor de ser humano

Èdip, de Sófocles en la versión de Oriol Broggi, con la participación de Julio Manrique. Teatro clásico que plantea los problemas morales de todas las épocas

Los clásicos, entendiendo por clásicos aquellos que se han convertido -por la razón que sea- en textos canónicos, lo son por razones no siempre evidentes. Muchas veces esa obscuridad tiene que ver con una lectura inmediata y, la más de la veces, torpe. Si cuando hablamos de la guerra de Troya solo somos capaces de entrever un acontecimiento histórico, del que en puro discurso histórico cabe expresar dudas más que razonables, estaremos perdiendo la ocasión de acercarnos a una sociedad en pleno desarrollo de su pensamiento filosófico, moral y emocional.

Esto es lo que consigue Broggi con su “Èdip” llevarnos a profundas reflexiones sobre la dimensión humana de la vida.

La puesta en escena es esencial. Esencial pero efectiva. No distrae en ningún momento. Siempre al servicio de un texto fuerte. Igual que la dramaturgia. Los movimientos son comedidos, austeros, incluso en los momentos álgidos del drama. Todo puesto al servicio de la profunda tragedia que envuelven a los personajes. Unos personajes que nos plantean la complejidad de la relación entre lo divino y lo humano. Un deseo divino que para las personas resulta casi inalcanzable. Unos dioses que nos aparecen en muchos momentos como antojadizos, moviendo las vidas de los humanos al ritmo de un azar caprichoso. Y el eterno debate entre la predestinación y la voluntad de los hombres y las mujeres. La conclusión a la que nos acerca Broggi es la de unos personajes navegando a partir de sus virtudes y sus defectos contra la tempestad que les envían los dioses del Olimpo. La vida como un camino empedrado de dificultades que nos prueban en nuestras convicciones y en nuestros valores. Una lucha en la que la victoria completa es impòsible, en la que la redención sólo es momentánea.

Nos plantea la necesidad de la humildad como herramienta básica para conseguir la expiación de nuestros pecados. Una humildad a la que Édip sólo llega a través del sufrimiento a partir de la plena consciencia de todo el daño causado, fuese fruto de la ignorancia o de su actitud.

“Èdip” puede parecer  un monólogo por la presencia, fuerza y texto de Èdip, un espléndido Julio Manrique. Pero no hemos de engañarnos. El coro del teatro clásico griego, está aquí sustituido pero un enorme elenco de personajes, en primer lugar Yocasta, la madre/esposa, con una Mercè Pons que le da toda la profundidad que el trágico personaje necesita, y un Tiresias encarnado por Miquel Gelabert que rompe la obra en dos poniendo la verdad encima de la mesa. En conjunto, un grupo actoral eficiente en el que como siempre que está presente destaca un profundo y conmovedor Julio Manrique, uno de los actores más en forma en los últimos años, tanto en el plano de la actuación como en la dirección.

Este “Èdip” pone de relieve la necesidad de dotar a nuestra sociedad de una esfera moral imprescindible para tener una sociedad vivible, no solo para los dioses, si no para los propios humanos. En tiempos de relatividad moral, de la mentira y del robo no me parece poca cosa.
Por último poner en valor dos aspectos que me parecen pertinentes. Este texto “antiguo” , de otra época, que no está de moda, continúa teniendo un atractivo enorme para los espectadores, como demuestra el teatro lleno del día de la función. Seguramente ayudado por el otro elemento que querría destacar. Las temporadas de las obras en el teatro de estreno cada vez son más cortas pero en cambio la estupenda red de teatros comarcales, como el Teatre-Auditori de Granollers en el que pudimos gozar de la representación, están dando una vida a estas obras a través de los bolos en distintas poblaciones que acerca el mejor teatro, y el más mediocre, claro, a un público que no siempre está en condiciones de poder asistir a los teatros de Barcelona.

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